¿Quién diablos escribe sobre sí mismo en positivo? No existe género más absurdo que la autobiografía, por el amor de Dios... Pero como se supone que a la gente le interesa saber algo sobre el tío al que está leyendo, ahí van mis cuatro líneas.

Nací en Rentería Enlace externo, tengo cuarenta y ocho años, pocos estudios y demasiados oficios. Así me ha ido. Sin embargo, entre una cosa y otra, me las he apañado para tener veinte años cotizados a la Seguridad Social. Vamos, que muy mal me tendrían que venir dadas para no conseguir una pensión mínima que me permita subsistir hasta los restos mientras me dedico a las cosas que realmente me interesan en la vida: leer y escribir libros (más escribirlos que leerlos, la verdad), pensar en tonterías, ver pelis, completar mi colección de relojes de los setenta, entrenarme como mediofondista, tomar cañas en el bar y, en resumen, pasar el rato mientras te corre vida. Ya he ido a demasiados funerales como para no haberme dado cuenta de que, aquí, un día estás y, al otro, a lo mejor no.

Como autor, soy de los de venta media: no vendo cientos de miles de ejemplares de mis obras, pero sí bastantes más que escritores mucho más reputados que yo. Respecto a esto último, diré que, en España, si escribes literatura de género eres un mindundi y un buen montón de autores de medio pelo que publican en editoriales de muy poco músculo te mirarán por encima del hombro: ellos sientan las bases de la literatura del mañana y tú no. Lo cual es mentira, pero así están las cosas, así lo creen a pie juntillas algunos y así, en definitiva, nos va a todos. Como ves, a rencorosillo no me gana nadie.

Y poco más. Que si nos vemos por ahí, te invito a una caña.


 

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